Huitzilopochtli fue el dios de la guerra y patrono de los mexicas. Todas las conquistas que este pueblo guerrero hizo, fueren en su nombre. La imagen de Huitzilopochtli, en forma de colibrí, era cargada por los sacerdotes cuando los aztecas invadían un pueblo. Y en la noche se escuchaba su voz dando órdenes. En los mitos mexicanes se la considera uno de los cuatro dioses creadores.

Las imágenes de Huitzilopochtli usualmente lo muestran como un colibrí o como un guerrero con una armadura y un casco hechos de plumas de colibrí. Sus piernas, brazos y la parte inferior de su cara están pintadas de azul; la parte superior de su rostro era negro. El usaba un penacho muy elaborado, cargaba con un escudo redondo y una víbora de turquesa. Su disfraz de animal era el águila.

El colibrí azul a la izquierda.

HUITZILOPOCHTLI – (De huitzilin, “colibrí” y opochtli, “izquierdo”). Se creía que después de su muerte los guerreros primero formaban parte del brillante cuerpo del sol, luego después de unos años, vivían para siempre en los cuerpos de los colibríes y que el sur se encontraba a la izquierda del mundo. El nombre de Huitzilopochtli, por lo tanto, significaba el Guerrero del Sur que volvió de entre los muertos.

Nacimiento

Según la leyenda, Huitzilopochtli nació de Coatlicue, la Madre Tierra, quien quedó preñada con una bola de plumas o algodón azulino que cayó del cielo mientras barría los templos de la sierra de Tollan. Sus 400 hermanos al notar el embarazo de su madre y a instancias de su hermana Coyolxauhqui, decidieron ejecutar al hijo al nacer para ocultar la supuesta deshonra, pero Huitzilopochtli nació y mató a la mayoría. Tomo a la serpiente de fuego xiuhcoatl entre sus manos y le dio forma de hacha y venció y mató a Coyolxauhqui con una enorme facilidad, quien quedó desmembrada al caer por las laderas de los cerros. Huitzilopochtli tomó la cabeza de su hermana y la arrojó al cielo, con lo que se convirtió en la Luna, siendo Huitzilopochtli el Sol.

Adoración

Señor de una civilización dedicada a la guerra, era un dios eminentemente guerrero; cuando los aztecas tomaron los dioses de las otras culturas nahuas, como la Tolteca, elevaron su dios al nivel de los grandes dioses de Mesoamérica, como Tláloc, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. Así, en el centro de su ciudad, Tenochtitlán, construyeron un templo con dos altares, uno dedicado a Tláloc y el otro a Huitzilopochtli. Sobre el pequeño templo, cada 52 años se la añadía otra construcción, cada vez más grande,convirtiéndolo de una imponente edificación del mundo antiguo. En las ruinas actuales se pueden ver las distintas etapas, como capas de cebolla.

A estos dioses se les ofrecían sacrificios humanos: a Tláloc, niños varones enfermos, y a Huitzilopochtli cautivos de habla náhuatl, tomados en combate. Cuatro sacerdotes sostenían al cautivo de cada extremidad y un quinto hacia una incisión con un afilado cuchillo de obsidiana y extraía el corazón. El prisionero estaba completamente cubierto de gris, que era el color del sacrificio, y tal vez estaba drogado, pues los gritos se consideraban de mal gusto en el caso del sacrificio a Huitzilopochtli. Los corazones a sacrificar se ofrecían al dios quauhtlehuanitl (“águila que se eleva”) y ardían en el quauhxicalli (“el jarrón del águila”).

El propósito de los sacrificios a Huitzilopochtli era darle vigor para que pudiera subsistir en su batalla diaria, y lograr así que el sol volviera a salir en el siguiente ciclo de 52 años. Según la tradición nahua, han transcurrido 4 eras que terminaron en desastre, y vivimos en la quinta creación que terminara en un año “uno movimiento”, esta fecha se repite cada 52 años en el calendario. Los mexicas pensaban que alimentando al sol, Huitzilopochtli, se podría posponer el fin al menos por otro ciclo. Ellos no pensaban que fuera necesario un sacrificio diario. La Fiesta en honor a Huitzilopochtli se celebraba una vez al año. Esta concepción no es común a los demás pueblos nahuas, y al parecer fue debida al poderoso Tlacaélel, quien además instituyó la costumbre de las “guerras floridas” a fin de que Huitzilopochtli pudiera disponer de cautivos de habla náhuatl.

En la religión mexica, los guerreros que morían en batalla, los que morían sacrificados y las mujeres que morían en el parto estaban destinados al paraíso y quizás para (los relatos y escritos sobrevivientes a la conquista no son muy claros en esto) renacer en esta tierra como mariposas. Por ello se consideraba un honor ser sacrificado a Huitzilopochtli.

Ofrendas de la cultura azteca para mantener contentos a los dioses

La manera en la que la clase noble azteca mantenía contentos a sus dioses, era por lo general ofrecíendoles corazones de indígenas durante las festividades dispuestas para celebrar algún acontecimiento importante, para después llevar a cabo el rito correspondiente a la ocasión o al dios al que se le ofrendaban estas vidas. Cabe mencionar que entre más importancia le querían dar al acontecimiento los gobernantes, mayor era el número de sacrificados.
Los emperadores aztecas, como sigue sucediendo hoy en día con nuestros políticos, hacían mejoras en cuanto a construcciones en las ciudades. Al terminar alguna obra civil de importancia, la celebraban ofrendando un gran número de vidas. Era su manera de dejar huella en la historia y todo emperador quería ser recordado tanto por su legado material como por su devoción por los dioses. Un ejemplo claro de esto es Ahuitzotl, tío de Moctezuma y emperador azteca, que en el año de 1487 celebró la construcción del gran teocalli (casa los dioses) y llevo a cabo los correspondientes ofrendas que según Torquemada fueron 72,344, Ixtlilxochitl las estima en 80,000 y los códices talleriano y vaticano en 20,000.

Las guerras floridas daban víctimas para las ofrendas de los aztecas

La selección de las víctimas para la ofrenda no era fácil, si se extraían personas de entre la propia sociedad para hacerla, se podía suponer un descontento general que podría causar problemas sociales. Por esta razón se crearon las guerras floridas, que eran llevadas a cabo sobre todo en época de sequía, cuando había que contentar a los dioses para tener las lluvias necesarias para una buena cosecha. No había nada en juego, el propósito de las guerras floridas no era extender el dominio territorial o defenderse de algún enemigo. La finalidad era capturar el mayor número posible de guerreros para su posterior sacrificio.

Mantener el orden en la sociedad azteca

Esto hace pensar a algunos historiadores y antropólogos que para la cultura de los aztecas; las ofrendas de corazones eran un pretexto para controlar la demografía, siendo pocos los alimentos en épocas cuando el agua escasea, se lograba reducir el número de pobladores a través de las guerras y el pretexto de mantener a las deidades en calma, así la producción de alimentos llegaba a ser suficiente para los habitantes de la ciudad.

Fuentes: es.wikipedia.org, suite101.net, freeuk.net, fortunecity.es

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